Asesinato para dos

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Por Fabián D´Amico

Divertida e ingeniosa pieza de teatro musical del off Broadway potenciada por la dirección y las excelentes interpretaciones. Santiago Otero Ramos es la nueva gran promesa del género.

Una variable que no se puede manejar a la hora de emprender un proyecto es el riesgo, más cuando es en el campo de la cultura y en particular en el teatro. Incertidumbre económica ante la concurrencia de público y creativa en cuanto a la recepción de ese discurso por parte de éste. Pese a esta eventualidad hay apasionados que no se atemorizan frente a nada y se arriesgan. Juan Iacoponi y Gonzalo Castagnino- productores del exitoso Cabaret de los hombres perdidos- son parte de esa fauna de inconscientes amantes del teatro que apuestan en grande al género musical, con un título desconocido, un director novel y dos actores que son en realidad pianistas.

Asesinato para dos es el nombre de la aventura emprendida. Un musical del off Broadway, que relata la siniestra fiesta de cumpleaños de un afamado escritor americano en donde éste es asesinado, y la tarea de un agente de policía, con hambre de detective, para esclarecer el crimen cometido por alguno de los 12 invitados a la reunión fatídica. Una historia solo sencilla y amena, al no ser por una característica especial de la puesta: la acción la desarrollan solo dos actores, ambos deben tocar el piano y uno de los protagonistas tiene sobre sus espaldas la ardua tarea de representar a todos los invitados.

Es habitual en Broadway que las escuelas donde se forman los actores de musicales exijan como requisito la ejecución de un instrumento musical, una norma que por estos lares es una excepción a la regla. Ese doble rol de actor y músico reduce la posibilidad a la hora de realizar un casting. Tal vez ese punto sea el más destacado de la versión local, primera que se hace en lengua castellana de la pieza. La elección de dos destacados pianistas como Santiago Otero Ramos y Hernán Matorra, con una amplia trayectoria en musicales pero desde la música (salvo una pequeña y efectiva participación de Otero en Pegados) y el hecho de que tanto para los protagonistas como para el director sea su primera experiencia en esos roles, hace que la tarea se realice sin pruritos ni pre conceptos, y se obtenga un óptimo resultado.

Gonzalo Castagnino realiza un dirección casi obsesiva de los actores, donde cada gesto, cada movimiento esta estudiado y diseñado hasta el más mínimo detalle. Una puesta en escena donde los actores están desprovistos de todo elemento externo en el cual sostenerse y con esa comunión-confianza entre actores y director, se lanzan a una coreografía de acciones disparatadas, gags físicos y verbales y pegadizas melodías que interpretan de manera afinada desde un pequeño caudal vocal. Una primera dirección que muestra a Castagnino conocedor del género y de los resortes necesarios para transmitir el timing que todo musical requiere en todas las disciplinas que aglutina en un mismo discurso artístico.

Si las hermanas Otero Ramos (Marisol y Florencia) son parte de la dinastía de primeras damas del musical, desde el estreno de Asesinato para dos, no hay dudas que Santiago Otero Ramos pertenece con mérito propio a la estirpe de Señores del musical. Su trabajo es asombroso. Cada uno de sus doce personajes está delineado y ejecutado a la perfección, con seguridad, con gestos y poses deliciosas, creando una galería de clichés de la alta sociedad reconocibles y para el recuerdo. Apenas un par de anteojos, un pañuelo o simplemente un movimiento corporal –deliciosos los tres chicos que interpreta con solo el cambio de posición de una visera- da vida con una soltura interpretativa encomiable a esa docena de sospechosos del crimen. Junto a él, en un rol quizás con menor exigencia física, Hernán Motorra compone y con entrañable aplomo a Marcus, el aspirante a detective, teniendo a sus espaldas el peso de la tracción dramática; su voz luce en muchos de los momentos musicales siendo el contrapunto/compañero ideal para Otero.

Una minimalista ambientación de Rene Diviú, la coreografía de Joli Maglio, la precisa dirección de Castagnino y el descubrimiento de estos dos nuevos grandes intérpretes del teatro musical hacen de Asesinato para dos una divertida experiencia para disfrutar y recomendar.