Canto a Isadora

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Por Fabián D´Amico

Texto dramático con música incidental en vivo para el lucimiento de una gran actriz como lo es Natalia Cociuffo.

La silueta de una mujer se ve a la distancia agradeciendo los aplausos de un supuesto público. Detrás de ella, un sinfín de tules colgando de una parrilla delimita dos mundos bien diferenciados, como lo son el delante de escena del detrás de ella, es decir, el mundo de la realidad. La mujer traspasa ese límite bellamente concebido por Rene Diviú e iluminado por Valeria Ambrosio. Ingresa con un ramo de flores a un camarín donde la aguarda una joven admiradora que expresa su admiración hacia la estrella, hacia la dueña de todos los movimientos posibles e imposibles, a la revolucionaria de la danza, a La Duncan. Con el dialogo que inicia Isadora con la joven, el público se informa que los aplausos del inicio han sido los últimos ya que Isadora deja la danza, y con ella la vida. El devenir de la historia enfrenta a la audiencia con los fantasmas de la bailarina, con los deseos de su madre por ver exitosa a su hija, con los amigos y amantes de Isadora y con dolor ante la muerte de sus tres hijos. Un dolor que comparte con la joven y con el fantasma de Walt Whitman, famoso poeta norteamericano, que aún muerto brega por la libertad.

Una dramaturgia plagada de simbolismos y de múltiples lecturas, donde la pregunta sobre si lo que esta aconteciendo es real, un sueño o simplemente el deambular de la bailarina por un purgatorio desconocido, intimidatorio y lleno de un misterio por demás onírico, está presente ante cada avance de la historia. La fuerza de la trama radica en la relación de admiración mutua entre el poeta y la bailarina. Ella anhela tener la permanencia de las palabras de Whitman y el quiere que ella baile sus palabras, y de esa forma que se cante, se celebre y con esa celebración alcanzar la libertad que ambos ansían.

Un texto de María de las Mercedes Hernando que muestra a la artista en varias etapas de su vida sin explicar a fondo detalles que quedan poco claros- los motivos de las muerte de sus tres hijos, el rechazo hacia el dinero que hubiera conseguido bailando en un music hall- y que Valeria Ambrosio muestra desde el minimalismo escénico y una cuidada dirección de actores, donde logra que Natalia Cociuffo muestre su infinidad de tonos, expresiones y potencia-demostradas cualidades ya vistas en Los Monstruos- y que tal vez el canto y la danza, disciplinas por las cuales Cociuffo es conocida, oculten a la excelente actriz. Junto a ella Roberto Romano cubre varios papeles con solvencia y profesionalismo y la joven Renata Toscano aporta solo frescura y una pequeña voz solo audible a los afortunados de primera fila.

Canto a Isadora tiene tal vez un falso prejuicio desde el título,el protagónico femenino y la dirección. No es una obra de teatro musical, sino un texto dramático con música incidental en vivo desde un piano, donde la sonoridad y melodía no vienen desde lo musical sino desde la actuación de Cociuffo.