La gente como yo

in Nota principal
Por Damián Faccini

Teatro Buenos Aires

Rodriguez Peña 411

Jueves – 20 hs

La re-unión de una familia desmembrada ha sido abordada en cantidad de textos y puestas teatrales. También la idea del hijo pródigo, el triunfador, el distinto, el que no se adaptó y adoptó otro camino. “Papá querido”, “Mi hijo el doctor” y algunos sainetes criollos, resuenan en uno como espectador al vivenciar la pieza. Sin embargo, en más de una ocasión, otras aventuras naufragan en un mar de espacios comunes y clichés. Aguas que por fortuna, no navega la presente obra.

El autor y el director, han desarrollado un trabajo más que interesante, ya que no se los comprende por separado, sino como una misma figura. Dentro de la lógica de muchos, se halla este planteo, que sin embargo no es común en el teatro de hoy en día, donde uno escribe una cosa y otro dirige aquello que se le canta.

La historia parece simple. Pero no lo es. Esta afirmación la vemos reflejada desde el vamos en una simbiosis de escenografía sugerente y naturalista. Textos que se alejan de lo cotidiano para enfrentar la realidad de la ciudad y la del campo, que a su vez también se presenta con matices distintos a los concebidos por los autores argentinos (quizás en parte por ser francés el autor y el director). Un manejo de los contrastes humor-drama, rápido y efectista y una puesta concebida con marcaciones, que por momentos nos alejan del teatro, para acercarnos al cine.

La obra habla de las relaciones humanas, de la dificultad de la autorrealización, de los usos, costumbres y tradiciones, de la discriminación, que validamos una vez más…no tiene fronteras. Del peso y el agobio que implica el silencio. De la violencia y la imposición, en una familia numerosa como lamentablemente, tantas otras existen.
En escena hay una suerte de tela de araña/red de pesca/bosque enmarañado y seco que rodea el espacio naturalista. Que oficia como cerco a lo que nadie se atreve a decir ni mostrar, a todo aquello que se encuentra de la puerta para adentro. Es que Julián, su madre y Margarita están unidos en la distancia, el dolor y la impotencia. En esa red de pesca/tela de araña, ha existido un hueco por el cual Julián aparentemente se filtró, pero sólo en apariencia. Un delicado trabajo de atenuación de la luz, nos traslada en breves pero concretos momentos al pasado. Un solo espacio, que nos lleva de pesca, al campo y a la fábrica.

Destacan los trabajos de Natalia Martinoli en el papel de Margarita, quien compone un ser sometido, presa de un verdadero y pareciera eterno silencio que la ha enmudecido. Sus textos sin sonido, se proyectan a través del rostro, la traslación en el espacio y otra vez al igual que con la tela de araña, uniendo lazos entre un hermano, otro, la madre, el otro y así sucesivamente. También el rol de Julián (Juan Manuel Muniagurria), cuyo personaje parado en la delgada línea roja entre el ser y el deber ser, se haya perfectamente delineado. Y sus hermanos, trabajo muy visceral y apasionado por parte del hijo mayor/ ¿sustituto del padre? (Pol Ajenjo), la ingenuidad del más joven (Leandro Altamore), quien pareciera vivir una niñez sin fin, seguramente barrera que no está dispuesto a levantar y el hermano mellizo (Manuel Fernandez) de Margarita, quien no en vano mellizo, es la voz ausente de su hermana. La madre (Elizabeth Belusi), sostiene de manera adusta y estremecedora la emoción por verlos, el dolor y el odio.

En la persecución por la verosimilitud, sería interesante en ciertos momentos trabajar el ritmo de la pieza, para que bajo ningún punto de vista pierda esa virtud. Naturalizar y ajironar el texto a la cotidianeidad de nuestro campo/afuera sumaría a la propuesta.

En tiempos de redes sociales, donde ninguna de las dos palabras es cierta, todavía quedan teatristas que apuestan a los vínculos y de manera coherente con este compromiso, a puestas clásicas que no dependen de pantallas y efectos especiales. Y eso, “la gente como yo”, lo agradecemos.