La Panadera de la Poetas (Mar del Plata)

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Por Fabián D´Amico

Lirismo y mucha poética en la pieza encabezada por Virginia Lago con el excelente acompañamiento de Federico Gonzalez Gil y Jorge Seleme.

Apelar a los sentimientos que nacen de la palabra, de los gestos y de los abrazos en una sociedad donde la comunicación inter e intrapersonal está mediada por aparatos electrónicos, celulares y miles de aplicaciones, es una actitud más que noble y esperanzadora. El teatro es, una vez más, el sitio en donde esta quimera se materializa en un texto y en un discurso artístico tan simple y poco pretencioso como el de transmitir emociones.La panadera de los poetas es el nombre de la pieza teatral- pensada para la temporada teatral marplatense 2016/17 y no concretada- que es vehículo para que el público tome contacto con un estilo sencillo y efectivo de hacer teatro. Una fórmula cuyo componentes son un texto poético con una clara dramaturgia, una gran actriz y un elenco de jóvenes actores que no se amedrentan frente al torrente de talento que irradia la protagonista.

María Candelaria Seoane es una panadera de un pueblo de montaña de la España de pre guerra civil.Se levanta de madrugada a elaborar sus exquisiteces antes que den las siete campanadas de la iglesia y deba abrir su negocio. Pero nunca esta sola en su trajinar. La acompañan dos jóvenes poetas a los cuales alimenta mientras les cuenta anécdotas de sus antepasados y familiares. Un labriego rústico con manos ajadas y pobres vestimentas y otro nacido en cuna de oro con muchos problemas políticos y gente extraña que lo persiguen. Uno llamado Miguel, el otro Federico. Uno Miguel Hernandez y el otro Federico Garcia Lorca.

La relación entre la panadera y los poetas es casi maternal. Ella les brinda cobijo y alimento para mitigar el hambre, ellos le dan cultura y poesía a una persona analfabeta. Pero como dice la panadera en su cabeza no hay nada, entonces tiene lugar para guardar todos los poemas y escritos que ambos le leen. El estallido de la guerra rompe el trio para siempre. La vuelta de Federico a España luego de su exitoso triunfo en Argentina marca la muerte segura para el, y todos los saben. Comienzan las despedidas y el tono melodramático de la pieza alcanza niveles de tragedia lorquiana. El amor-odio entre ambos poetas se potencia a la distancia. La muerte de Lorca, la inscripción de Miguel en el ejercito para pelear por la república, el regreso de Miguel a la panadería en estado casi terminal hacen huella en Maria Candelaria quien mantiene vivo el recuerdo de Federico cantando coplas y recitando poemas de Hernandez.

Una experiencia teatral con aroma a tiempos idos, donde todo se centra en la actriz protagónica, eje de la dramaturgia y de la atención de la platea, como aquellas piezas que Lorca le escribe a la Membribes o a la Xirgu. María de las Mercedes Hernando sabe crear con sus palabras-y muchas de los autores a los que evoca- climas precisos, situaciones dramáticas bien planteadas y darle una patina sepia a la historia que ofrece. Mariana Giovine realiza una puesta precisa donde mueve a los personajes con soltura dentro de una mínima ambientación y crea imágenes logradas cuando los personajes alivian su tensión amasando bollos para ensaimadas, en especial, cuando la protagonista al hablar y gesticular deja que de sus manos vuelen partículas de harina y crea con solo ese movimiento, momentos casi cinematográficos. El agregado de un músico en escena que acompaña los momentos musicales de la pieza- que se relacionan en forma directa con la trama- es un acierto de la directora y potencia el lirismo de la puesta.

Calificar el trabajo de Virgina Lago con adjetivos calificativos es redundante e innecesario. La química que logra con el público ni bien pisa el escenario y comienza a perfumar la sala con sus entonaciones, inflexiones de voz y cientos de artilugios es un hecho que solo las grandes actrices son capaces de hacer. El arte de Virgina Lago solo puede captarse y transmitirse siendo parte de esa ceremonia religiosa que es apreciar la grandeza de la actriz sobre las tablas e imposible de poner en palabras en un crítica. Junto a ella, dos actores que demuestran pasión y amor hacia el teatro. Tanto Jorge Seleme en un Lorca optimista aun frente a su propia muerte como Federico Gonzalez Gil en la composición precisa y plausible de un ser débil y plagado de conflictos son dignos compañeros de Lago en esta aventura poética de rescatar la figura de estas dos plumas brillantes de la literatura española.