Plaza Suite (Mar del Plata)

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Por Fabián D´Amico

Comedia brillante, elenco de primer nivel, visualmente atractiva y entretenimiento asegurado!

Tanto Woody Allen desde el cine como Neil Simón en el teatro retratan la vida, las costumbres y las neurosis de una sociedad particular como lo es la newyorkina. Una sociedad que muta y cambia de pareceres y gustos de manera constante. Es por eso que al tomar una obra de Simón o ver por ejemplo Manhattan de Allen el público debe abstraerse de la actualidad y emprender un viaje hacia un pasado y gracias a esa experiencia, analizar la evolución o no de la sociedad o los reflejos de la misma en el discurso artístico.

Eso sucede con Plaza Suite obra escrita por Simon en 1968 (apenas medio siglo) y rescatada por Arnaldo André en la actual temporada marplatense. A diferencia de los clásicos teatrales que son atemporales, esta obra, como tantas otras de este autor, tienen un anclaje espacial y temporal: una suite en el hotel Plaza de Manhattan en 1970. André respeta esa época tanto desde la dramaturgia como desde la estética y cierto tipo de marcación actoral donde la comedia transcurre con naturalidad y con una sonrisa en el rostro de la audiencia. Las sonrisas se transforman en carcajadas cuando llega el último episodio y André y Ana María Picchio se apoderan del escenario y seducen con su juego cómplice y natural, como si actuar fuera tan espontáneo como respirar.

Plaza Suite está estructurada en tres episodios que ocurren en la suite 719 del Plaza Hotel. Un matrimonio cuya mujer quiere celebrar su aniversario de bodas en ese cuarto donde pasó su noche de bodas, mientras su cincuentón esposo ansia encontrarse con su joven secretaria no precisamente para trabajar. Un exitoso productor de Hollywood espera la llegada a la suite de una ex novia suya de la escuela secundaria, buscando en la mujer cierta frescura y naturalidad que carece el ámbito en donde habita. Por último un matrimonio mayor intenta sacar a su hija encerrada en el baño de la suite para que baje al salón verde del lugar a casarse con su novio.

Tres situaciones que hoy resultan amables pero que retratan de manera liviana aunque impiadosa instituciones inquebrantables de la sociedad norteamericana de aquellos tiempos. El matrimonio modelo con hijos universitarios que solo es perfecto en apariencias y por costumbre, las señoras casadas que no deben visitar el cuarto de hotel de un hombre solo pero que entregan ante una galantería, un beso o una caricia que no abundan en el propio hogar y la reacción de los padres por un capricho de su hija ante el temor al casamiento, los mutuos reproches y la rápida y fácil solución del novio.

Con ese material, el director realiza una puesta en escena dinámica y agil, donde la excelente escenografía de Daniel Feijóo transforma el acotado escenario del teatro Santa Fé en la lujosa habitación del hotel y en especial, el trabajo de André cómo director de actores y que se ve materializado en el preciso diseño del personaje de la mujer casada del segundo cuadro, interpretado de manera brillante por María Rojí.

Un elenco protagónico de primer nivel donde se destacan Picchio, Taibo, Laport y el propio André secundado de manera efectiva por el resto de la compañía.
Fuera de lo meramente discursivo, y como apostilla anecdótica, es placentero apreciar del disfrute de la platea al ver a los actores aparecer en escena siendo recibidos por francos aplausos y que los mismos surgan de la trayectoria de los mismos y no de su mediatez televisiva.

Para ciertas personas Plaza Suite puede resultar la representación de un teatro arqueológico, para otros- el que escribe se incluye en esta categoría- un vehículo valioso y efectivo para reencontrarse con obras que en otros tiempos en Mar del Plata se llamaban "la comedia de los galanes" y que en esta temporada está representada por Plaza Suite.